Ecosistema, patrimonio del futuro


La última temporada de lluvias ha venido a recordarnos una vieja lección: la naturaleza tiene memoria y siempre encontrará el modo de abrirse camino.

Si la gente establece sus casas sobre la corriente de un río que aparentemente está seco, si construye casas en laderas, barrancas o ex basureros, si tira basura que tapa las coladeras, si abre y cierra las compuertas de las presas para ganar votos, si tala árboles sin pensar en el servicio ecológico que nos prestan... Si hay quien lo hace, quien lo permite, quien ¡lo fomenta! y quien dice "eso no es mi bronca", entonces hay algo no está bien.

Este tipo de problemas son multifactoriales. En primera instancia, tenemos el cambio climático y todo lo que ello implica. Sin ponernos alarmistas, tomemos la visión más conservadora de la ciencia que habla acerca del fenómeno como parte de un ciclo planetario natural, muy parecido a lo ocurrido durante las glaciaciones. A esto añadimos la historia de desastres ecológicos provocados por el hombre en los últimos cincuenta años y, por último, la negligencia de autoridades e individuos.


Como dice una amiga, podemos sentarnos a llorar encima de los platos de unicel. O podemos hacer algo desde nuestra trinchera.

Considerarnos parte de un ecosistema, y no la punta de la escala evolutiva, ayuda a cambiar de perspectiva. La propuesta es muy simple: si queremos que el ecosistema funcione a nuestro favor, tenemos que funcionar a favor del ecosistema.

El cliente tiene la razón

Una de las formas para comenzar a solucionar problemas ambientales es comprender el poder que tenemos como consumidores. Un acto de consumo es una decisión a favor o en contra del ecosistema y, por ende, de nosotros mismos. En una economía austera y sana, las necesidades reales generan la demanda de productos y servicios. En una economía complaciente y consumista, se crean necesidades a través de la publicidad. Generalmente, el costo ecológico de las necesidades creadas es mucho mayor al de las necesidades reales.


¿Qué pasa si dejamos de comprar comida que incluye empaques de unicel? ¿Y si dejamos de pedir botellitas de agua en los restaurantes y mejor pedimos un vaso de agua purificada? ¿Qué ocurriría si todos compramos productos nacionales y exigimos al gobierno que se apoye a los productores locales para que mejoren su calidad? Si todavía no queda claro hacia donde voy, un ejemplo reciente: Sony anunció que dejará de producir el walkman por falta de demanda. ¡Listo! Eso mismo puede ocurrir con una serie de "comodidades" y "hábitos" a los que nos acostumbramos en el último cuarto de siglo, y que son completamente prescindibles.

Ser un consumidor responsable significa estar informado, ser crítico ante la publicidad, buscar que nuestro consumo esté basado en necesidades reales y, sobre todo, optar por los productos cuyo impacto ambiental sea menor. El poder que tenemos como consumidores es enorme, se nos dedican millones de dólares en estudios para conocer nuestros hábitos, nuestras necesidades son capaces de generar industrias millonarias. ¿Vamos a desperdiciar ese poder o vamos a usarlo para exigir productos que respeten el patrimonio ecológico de nuestros hijos?

Aquí hay una gran lista de empresas mexicanas (Las Páginas Verdes) que están trabajando de manera limpia. Optar por sus productos nos beneficia a corto, mediano y largo plazo. Nuestros gestos y nuestro dinero nos dan el poder de limpiar el país. El camino es largo pero muy esperanzador. Lo mejor de todo: ser reflexivos y conscientes es gratis.

Plataforma sustentable


Otra de las formas de funcionar a favor del ecosistema (y de nosotros mismos) es exigir que las autoridades construyan sus plataformas con base en el Desarrollo Sustentable, cuyos medios de acción no son balas ni la pena de muerte, sino la educación, la solidaridad y la justicia social.

El DS busca satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro. Integra tres pilares: la economía, el medio ambiente y la sociedad. La finalidad: que exista un desarrollo económico y social respetuoso con el ambiente. El DS busca un crecimiento a largo plazo partiendo de un plan lógico, real, concreto y aplicable para el uso eficiente de los recursos.

Visto de esa manera, pasa a segundo plano el que los políticos sean guapos, feos, hombres, mujeres, verdes, azules, amarillos o tricolores. Lo que importa es que apuesten al desarrollo sustentable como la base y meta de su plataforma y, sobre todo, que nosotros exijamos que cumplan sus compromisos y actúen a favor del bien común.



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