José en el año 2025 (segunda versión)*


Hoy hago un ejercicio distinto y muy divertido para imaginar el futuro. Se trata de algo tan sencillo como una tarea escolar escrita por un niño de nueve años que vive en México, en una época cercana al año 2025. Los invito a leerlo con ojos críticos y esperanzados, a buscar los valores importantes para un niño y la sociedad del futuro. Si son curiosos, explorarán los links que incluyo y verán que esto, más que un sueño guajiro o una utopía, es bien posible si así lo queremos. ¡Disfrútenlo!




"Soy José, tengo nueve años. Vivo con papá, mamá y mi hermana Andrea. Tengo que escribir una tarea para la escuela contando un día normal en mi vida. Ahí va:

Nos levantamos cuando todavía está oscuro y encendemos el generador de energía, porque en la noche hay que apagarlo para ahorrar y que la energía de los paneles solares se aproveche bien. Mientras mamá baña a Andrea, yo salgo con papá al patio, donde tenemos un huerto. A mi me toca regar y a papá le toca cosechar. Luego preparamos el desayuno y el lunch para la escuela. Usamos lo que compramos en el mercado y también lo que cosechamos. Dice la maestra que si comemos lo que producimos, la tierra se pone contenta y tenemos más energía para jugar. Desayunamos rapidito para que no se nos haga tarde para salir. Mamá y yo nos ponemos el casco y nos vamos en bicicleta, ella me acompaña a la escuela y luego se va a ensayar con su grupo. Papá se va con Andrea al kinder. Van en el monorriel porque Andrea es chiquita y todavía no sabe andar en bici.

Lo que más me gusta de la escuela es que hacemos deportes diario. Unas veces jugamos para ver quien gana, otras veces solo jugamos para aprender a hacer equipo. Siempre son equipos mixtos, los niños somos más bruscos y las niñas son gritonas, lo bueno es que el entrenador nos ayuda a convivir para aprender que todos tenemos algo bueno que aportar.
Algunas clases no me gustan porque son de una sola cosa y hay que estar sentado y callado. Pero otras me encantan porque tenemos que construir y reparar aparatos. El taller de Renovación de energía es mi favorito. Nos enseñan a usar las fuerzas invisibles del sol, el viento y el agua para mover grúas a escala, cocinar y encender focos. Siento como si hiciéramos magia. Mi otra clase preferida es la de Sistemas, ahí nos enseñan a resolver retos, solos o en equipo, y usamos lo que cada quien sabe hacer mejor. Ahí descubrí que soy bueno para organizar a mi equipo, y también que se me ocurren inventos para hacer que las cosas vayan más rápido y que todos las podamos usar. El recreo no es una clase, pero si no hubiera sería feo.

En la tarde me regreso a la casa en la bici. En la ciclopista vamos jugando carreritas con mis amigos, yo no soy tan rápido pero soy bueno para esquivar. Cuando llego, mamá y Andrea ya están en la casa y comemos juntos. Papá no puede ir a comer, pero nos acompaña desde la pantalla de su trabajo. Él es muy importante, hace que las empresas sean responsables y justas con la gente y el medio ambiente. Trabaja con gente de todas las edades y es muy inteligente.
Si ayudo a levantar los trastes y a lavarlos, me dejan ver la tele. Me gustan dos programas, la caricatura de Héroes sin fronteras y la serie de Galaxia 3000. Los niños que salen ahí son como yo, pero con poderes. Los héroes superan pruebas bien difíciles con la ayuda de gente normal, y los de Galaxia van descubriendo planetas como la Tierra y de cada uno aprenden inventos para remediar el clima de la Tierra y curarla, pero tienen que vencer a unos enemigos virtuales que destruyen todo con plasma negro.

En la tarde, mamá nos lleva al centro recreativo. Ahí podemos nadar, jugar, ver películas. Dice mamá que cuando existía el dinero en monedas y billetes el centro recreativo era muy caro, pero ahora que todo es con Actioncard todos podemos hacer de todo a cambio de nuestro trabajo. Yo junto más puntos que mis amigos porque me toca ayudar a los abuelos en el vivero vecinal y jugar con ellos en la consola W2050. Con mis puntos me alcanza para entrar a la alberca de surf o escalar el muro. Yo hago todo solo, pero Andrea no. Ella y mamá se van al taller y ayudan a transformar la basura en repuestos para bicicletas, platos, cubiertos y muros para las casas. Y a cambio pueden tomar clases de canto y entomología urbana. Andrea es chiquita pero no le tiene miedo a los insectos.

Papá nos alcanza en el Centro recreativo cuando sale de trabajar. Si yo no tengo tarea, nos quedamos otro rato y cocinamos la cena con los vecinos o hacemos lecturas actuadas con los abuelos. Si no, nos regresamos a la casa en monorriel, porque como hay nevada todas las noches, nos da frío. Al llegar, yo hago la tarea y la mando al correo de la maestra antes de ponerme la piyama. Andrea y papá juegan Air-Chess hasta que llega la hora de cenar. Mamá ensaya en su estudio, porque toca Reactable y compone canciones para los viajeros del monorriel.

Mi día termina cuando todos nos ponemos la piyama y jugamos Storyteller en la pantalla de hologramas. Las historias de Andrea siempre tienen luciérnagas mágicas y a mi me gustan las de ecomutantes contra robots. Nos turnamos para no pelearnos, y entre los dos hacemos unas historias loquísimas. Papá y mamá se ríen y también ponen sus personajes, pero a veces son un poco como ellos y le dan órdenes a los robots, y eso no se vale en la historia, aunque a veces sí."


Si ustedes también imaginan algo positivo para el México del futuro, los invito a compartirlo aquí o aquí. Cuando terminen de hacerlo, les aseguro que estarán sonriendo.


Aquí les dejo un video. No es José, es Luis Enrique González y este es el México que imagina:



*La primera versión de este blog se muda a Feminista gorda y peluda. Gracias por su comprensión y a Ale por la hospitalidad.

Comentarios

azula15 dijo…
hola :) sabes me encanto tu "historia" je no estaba buscando nada d lo q tenia escrito ai pero en verdad me absorbió y te aseguro es muy buena.