¿Hace falta mandar cohetes a la luna?

Foto: Isla Urbana


Gracias a la colaboración de Inés Saavedra


Hasta hace algunos años, la ciencia era para mí una materia ajena, dominio de expertos que habían dedicado años y años de estudio en universidades y laboratorios; era un tema que a mí -un simple mortal- no me pertenecía. Sin embargo, cada día en los medios de comunicación o leyendo las noticias me doy cuenta de que la ciencia está en cada campo de la sociedad: desde el hecho de encender un foco y lavarse las manos, hasta los conflictos energéticos, las epidemias y las soluciones a desastres ecológicos, entre otros. Una lista muy larga que, específicamente en México, se acentúa con temas de alimentación, salud y agricultura.


Este panorama pone en evidencia cuánta falta hace apoyar a la ciencia para convertirla en un ejercicio cotidiano a favor de la sociedad. Entonces me surge una pregunta: ¿por dónde comenzar: divulgación, educación o investigación? Acudí a David Cyranoski, colaborador de la revista Nature, para hacerle un par de preguntas.


I: ¿Por dónde crees pertinente comenzar?

D: Definitivamente por la divulgación científica, hay que trabajar para que la información llegue a más personas. En países como México, una de las grandes oportunidades de crecimiento y mejora de vida está en las cuestiones de salud. Podrían salvarse millones de vidas con un mejor manejo de la información, con tener acceso a agua potable y a medidas básicas de higiene. Mientras se están cubriendo las necesidades básicas de salud, se puede avanzar en conjunto para realizar otros tipos de investigación.


I: ¿Existen campos de la ciencia que son prioritarios para países como México?

D: En mi perspectiva, considero que se podrían concentrar los recursos científicos a temas que tengan mayor impacto en la sociedad, como enfermedades infecciosas, agricultura, ingeniería genética o la búsqueda de alternativas energéticas, es decir, México podría enfocar su investigación a la búsqueda de soluciones prácticas que puedan mejorar los estándares de vida de la población.


Universidades, semillero de innovación


Sin duda, las instituciones de educación superior en México llevan la batuta en lo que toca a la investigación de alto nivel. El Instituto de Biotecnología de la UNAM está investigando sobre alternativas energéticas, así como de control de dengue y malaria. La Dra. Marta Menjívar de Facultad de Química de la UNAM dirige un grupo de investigación en torno a la genética y a la salud en México. Y qué decir de universidades como Chapingo o el CINVESTAV del Politécnico Nacional. El panorama de la investigación es positivo: existen las instituciones, hay investigadores y muchas áreas por abordar, sólo hace falta juntar fuerzas para que la información llegue a más gente y los medios para que los proyectos se implementen de manera equitativa.


No se trata de convertir a cien millones de mexicanos en científicos nucleares, simplemente hace falta llenar este país de ciudadanos proactivos y curiosos que no le tengan miedo a la ciencia, porque la ciencia está ahí, metida en lo más cotidiano de nuestras vidas, en la comida, en los productos que usamos a diario, en el ahorro de energía y, sobre todo, en los proyectos de desarrollo que día a día luchan por reconocimiento y apoyo. Ejemplos de ello son Isla Urbana, un increíble sistema de captación de agua de lluvia, de beneficios inmediatos para la población, que compite a nivel mundial en el concurso World Challenge, así como el programa Pauta, que ofrece atención educativa para el desarrollo de habilidades para la ciencia en niños, jóvenes y docentes.


Promover medidas preventivas de salud y hablar de ciencia en los medios de comunicación con un lenguaje más accesible, son sólo los primeros pasos, pero hace falta el empuje de toda la sociedad. ¿Cómo? Estas son algunas ideas que se me ocurren para comenzar:

1) Exigir que la divulgación científica esté dirigida a conseguir beneficios a corto plazo (p.e. mejora en la salud y la alimentación, métodos prácticos de ahorro de energía, etc), pero que las campañas no se basen en el miedo sino en explicaciones concretas y accesibles.

2) Exigir leyes que proporcionen al consumidor toda la información científica necesaria para que pueda elegir los productos y servicios que le sean de mayor utilidad.

3) Que las empresas destinen parte de sus esfuerzos a la popularización de sus investigaciones, y que las pongan a favor de la sociedad.

4) A través de nuestros representantes, exigir que se gaste menos dinero en publicidad durante las elecciones y que se utilice para invertir en el desarrollo o la implementación de proyectos científicos hechos por las diferentes universidades e institutos.


¿Y a ti? ¿Qué se te ocurre para apoyar a la ciencia en México y que esta se vuelva un ejercicio responsable a favor de la comunidad? Deja tus propuestas aquí y sé parte del proyecto que hará de Nuestro México del Futuro un lugar mejor.

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