Territorio: humanidad


"Sueño que mis hijos algún día vivirán en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter."

- Martin Luther King



Por Inés y Luza

"No la podemos contratar por su presentación”, dijo la antigua jefa. Su respuesta nos dejó frías. La chica de la que hablábamos era un persona preparada, competente, inteligente, con excelente presentación y disposición. Lo dudamos un momento, pero al rato caímos en cuenta que la “presentación” a la que se refería la ex jefa era el tipo físico: la chica tenía rasgos indígenas y, a ojos de la señora, “a Dirección General no le va a gustar”. Nuestra ex jefa no sólo estaba denigrando a una persona por su tipo racial, además estaba justificando su modus operandi en una supuesta entidad superior.

Cambiamos de trabajo antes de poder denunciar esta discriminación, pero a partir de la indignación que sentimos entonces, hemos aprendido a identificar con más detenimiento las "sutilezas" del problema de la discriminación en México, un problema tan grande y ubicuo que nadie habla de él.

En México se escuchan a diario frases despectivas que pasan por toda la gama de discriminaciones posibles: racial, social, de edad, género o capacidades diferentes. Un ejemplo: todo el mundo se queja del llamado “cadenero” afuera de los antros, ¿pero alguien ha levantado la mano ante Derechos Humanos?

Hay un anuncio de televisión que probablemente hayan visto, es de un shampoo de manzanilla y dice: “El 95% de los hombres las prefieren rubias”. Es uno de los más cínicos, pero si miramos la publicidad con detenimiento, veremos que hay una manera de discriminación más sofisticada, pero no por ello menos nociva.


¿Y quién dice algo en contra? ¿Alguien se queja? ¿Será que hay algún provecho en mantener este sistema de segregación social?

Discriminamos sin darnos cuenta, desde niños, desde hace siglos; el fenómeno está tan arraigado en la sociedad que nos mantenemos "inmunes" a toda actitud crítica frente a ello. No sabemos cómo identificarla pues está presente en todas partes, legitimada por los medios de comunicación, tolerada en el trabajo, fomentada en la escuela y en las casas, utilizada a conveniencia por las autoridades y los ciudadanos.


Ya es tiempo de que entendamos que el color de la piel no nos determina, el cabello de una persona, su edad o su forma de hablar o vestir no definen su calidad humana. Entre la segregación y el respeto hay un filtro de valores, formación, educación y experiencias. Así, la discriminación es un acto de ignorancia, es tener miedo a lo desconocido, es una reacción que responde al dicho de “la mejor defensa es el ataque”, pues implica tratar con inferioridad a otra persona por el simple hecho de ser “el otro, el distinto”. Si la discriminación en México se da en todas direcciones, es porque no sabemos cómo conciliar las diferencias. El resultado: un resentimiento social que no se acepta y va convirtiéndose en un rencor latente. Pueblos que crecen en la marginación, ¿están destinados a repetir esa misma dinámica con su propia gente?


Sin hipocresía

El antropólogo Dominique Simonnet, en su libro La historia más bella del hombre, afirma que "la historia del estudio de las razas sólo es una sucesión de prejuicios, [propone] eliminar de nuestro léxico el término ‘raza’, ya que todos somos humanos desde el punto de vista genético”.

Hablemos de la discriminación en México. El primer paso para solucionarla es aceptar que existe. Hay que dejar de mantenerla como un sistema tolerado de desigualdad social. Valdría la pena comenzar a asumir que en México existen grupos culturales distintos y personas con diferencias físicas. Sobre todo, hay que entender que esas diferencias nos hacen valiosos y constituyen parte de nuestra identidad.

El mundo ha vivido muchas guerras étnicas, masacres y crímenes cometidos entre seres humanos que se piensan distintos. Tomemos el ejemplo de otros países y hagamos conciencia de la gravedad del problema en México. Avancemos como una sociedad compuesta de personas, no de estereotipos. Hay que reconocer nuestras diferencias y abrazarlas, para luego hacerlas a un lado y trabajar sin prejuicios rumbo al México del futuro.

Hablar de ello es un buen comienzo, discutirlo con la familia, con los amigos, con la gente en el trabajo. Nosotras imaginamos que en un futuro, así como las empresas hacen seminarios de liderazgo, lo harán sobre igualdad, paridad, respeto y aprovechamiento de las diferencias a favor de los proyectos comunes.

¿A ustedes qué se les ocurre? ¿Cómo imaginan que sea un México sin discriminación?Propongan aquí sus ideas, compártanlas a través de esta iniciativa, dialoguen, opinen, despierten polémica si es preciso. Hace falta.



Comentarios