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La tierra después del miedo

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No soy la única que lo ha vivido, por eso me atrevo a decirlo. En este extremo del mundo, un hombre promedio elige a su esposa bajo el criterio de la dote simbólica: ventajas raciales, sociales e incluso laborales que ella representa para que él reafirme su valía y virilidad ante los ojos de los patrones –dios, jefe, padre, ídolo, eslogan publicitario–. No pueden ser fieles a su corazón, tienen puesta su lealtad en un mandato del que ya no se habla, pero que está vigente en la memoria colectiva. Y es tan eficaz que muchas hemos soñado con ser elegidas.  Los anhelos del corazón del hombre han sido desterrados, desplazados a un mundo secundario e ilegítimo a los ojos del amo. Ante él, un hombre debe ser un soldado, un siervo que contribuye a aumentar el poder del rey y de su corte. Y eso incluye la elección de una chica "adecuada", es decir, que tenga una dote simbólica que no contravenga lo que el patrón considera útil. Pero los anhelos del corazón de un ...

(no) miracles

Viajo para recolectar sensaciones. A veces puedo guardar algunas imágenes, resabios de lo que percibí, de lo que se conectó en la travesía. A veces consigo hilvanarlas y construir un recuerdo como éste. miracles_luzaalvarado from Luza Alvarado on Vimeo .

Conversación intervenida III

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Ishtar Terra – You come from a strain I have not experienced yet. – If we find a desire that is mutual... – I'm an animal, I need to put my nose on your neck, feel your warmth, listen to the tone of your voice... – That sounds mutual. But don't get too excited, I have my defaults, I have used too many of my nine lives and my future is a complete gamble. – You sound like a human being. – You sound like you want to fall in love. – That's why you chose me. I'm willing to be vulnerable, I won't hurt you.  – You know, my family is pretty fucked up. – My family makes me want to run away. – I've been trying to escape from the war between my parents. – I wanted them not to see me as the second version of my death sister. – I tried to fix the situation, but it became worse. Now I feel guilty. – Guilty of living my life. They feel I betrayed their faith.  – Happy new year. – Will you come back? – I will come back. *  *  * Y...

Conversación intervenida II

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– Sucede que me canso de ser hombre. – Yo también, sólo que mi cansancio es doble: me canso de mi humanidad y de tener que ser mi propio modelo de hombre, autónoma, proveedora, protectora... ¿Te ha pasado? – ...que entras en las sastrerías y en los cines, marchita, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza? – Sí. Pero no me siento como un cisne sino como una muñeca de cartón que cuando se desliza por debajo de las puertas pierde su ropa de papel. Mi desnudez se transparenta como las alas de los insectos volando viento en contra. Los olores de los demás llegan a bocanadas y me resultan tan repugnantes. – El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. – Igual que el de las carnicerías y los locales donde ponen uñas de acrílico. Ya no sirvo para andar con esas frivolidades, me cansan los tumultos y los bares. A veces sólo quiero vivir en el campo o junto al mar. – Sólo quiero un descanso de piedras o de lana. ...

Conversación intervenida

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paso a saludarte ando muy pajarito del otoño estoy en parís y tengo frío es el invierno sobrepuesto veinticinco días edimburgo berlín budapest rojo amarillo y verde danubio       verde jabón decadente        liquen efervescente ¿dos palabras? pasteles y espirales              - cinco días y vuelvo quiero regresar pero no quiero que se termine el viaje             - lo de siempre           trabajo a distancia  escribo edito recupero revisito  me acuerdo de todo pero desconozco los lugares ya no llego a ellos con las mismas preguntas salgo a la calle a buscarme y no me encuentro regreso al departamento a encontrarme y no me alcanzo parís me lleva a lugares a los que ya no quiero ir es un riesgo tocarla de nuevo porque sí porque es bella e indiferente mais elle a été toujours comme ça  et moi   ...

Heterotrópica

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En alquimia interior, dejando de ser semilla del sur –con suéter– para ponerme una cascarita de madera y flotar en el deshielo hacia el mar del norte. Cuando llegue a tierra, y sólo por un tiempo, seré semilla con espinas para que mi alma pueda montarse en el pelo de los animales en migración. Después, al sentir el viento cálido del trópico, me convertiré en semilla con alas para volar hacia el jardín donde me espera una tierra húmeda, amable y fértil. Ahí voy a germinar de nuevo, pero no brotaré con los mismos tallos ni las mismas flores que tenía cuando partí en la primera migración; ahora soy noraustral, heterotrópica, hidrotectónica y termosemántica. Todavía no imagino cómo serán esos frutos, pero si se parecen –aunque sea un poquito– al amor que traigo adentro, me sentiré inmensamente afortunada porque el viaje habrá valido la pena. 

Esa palabra

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Maj R.V. Spencer Afuera del cerco, hace seis meses Los manifestantes marchan. Se ve que son pacíficos, la intención se lee en sus cuerpos, en la inflexión de la voz. No llevan armas, traen libros, traen cámaras, traen carteles. Hablan con los policías y rayan algunos muros. Lo de siempre, lo que se espera, expresar su desacuerdo y seguir la vida, ¿qué más? No han agredido a nadie pero de pronto los empiezan a detener de manera arbitraria. Algunos siguen desaparecidos hace cuatro días. Otros no van a salir del hospital. Otros fueron procesados sin juicio de por medio. Dentro del cerco, en tránsito hacia el exterior Grupos de choque, violentistas caminan libremente, van armados con cadenas, con picos. En sus cuerpos se lee la furia, en sus miradas, el resentimiento. Los granaderos los dejan circular dentro del cerco del palacio legislativo. Minutos más tarde ocurre lo que ya sabemos: salen, provocan, agreden, golpean. Y los granaderos hacen como que se los llevan pero a...

El Vigilante

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Dentro de mi repertorio de sueños sobre el fin del mundo, el que sirve de anécdota a este cuento es uno de mis preferidos. Lo publiqué aquí en el blog el año pasado, pero en julio de este año lo quité para transformarlo en cuento y enviarlo a un concurso. No gané, así que lo traigo de vuelta, más crecidito, pero con la foto original.  El Vigilante C uando era adolescente solía soñar con el fin del mundo. La pesadilla ocurría en un momento semejante al atardecer. Yo aparecía a caballo, entre mis hermanos, empuñando estandartes y lanzando gritos de guerra en una llanura semidesértica. Detrás de nosotros cabalgaba un ejército de linajes aliados. No podía verlos pero percibía su fuerza empujándonos hacia el choque, escuchaba el galope de los caballos, el impacto de las armaduras. Al frente, sin atreverme a levantar la mirada a través del visillo del casco, intuía la horda enemiga: guerreros acéfalos montados en bestias, sometiendo el camino bajo sus patas. El sol teñí...

Pangéica I

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Mi cuerpo te ha llorado de muchas formas durante el desprendimiento, pero hoy no siente melancolía. Sabe que así tiene que ser y se alegra, nos alegramos genuinamente desde todos los reservorios de nuestra geografía porque a pesar de mi resistencia ocurrió lo que decretaste al tercer día. Sin darnos cuenta fuiste sembrando tu nombre en mi tierra de isla flotante. Hay playas bahías cumbres bautizadas con tu imaginario, hondonadas que se abrieron para ti cuando accediste a desarmarte. Hay paisajes cuya sonoridad autóctona abrazaste y aún vibran cuando alguien más las evoca en mi ausencia. Lo sé, puedo sentirlo. Porque me pasa lo mismo. En la bitácora tengo señalado el día que me enseñaste a sacar agua de las piedras y la vez que aprendiste a cocinar el verde. Luego nos poblamos hasta dejarnos colonizar la lengua por debajo, tanto que soñamos un mestizaje sin conflicto. Acordamos reescribir la historia mas reaparecieron tu credo y el mío y chocaron como naves en el aire. Nuest...

La encrucijada del aire

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Atl tlachinolli, el agua y lo quemado. Hay un silencio, una quietud muy extraña de esas que anuncian la diáspora.  El silencio de estos días. U na calma inútil de pueblo perdido en el corazón de la Sierra, u n hilo tenso que me traspasa reteniéndome a veinte centímetros del suelo. Sólo los pájaros pueden atravesar ese silencio sin reventarse. Pregunto quién puede vivir ahí. Entonces lo veo a él, flotando en la encrucijada del aire, desafiando a las nubes sin saberlo. Veo e se gesto suyo mirándose hacia adentro, donde vuelan el queltehue y la quimera, el salto impredecible del pensamiento. Escucho su voz que pronuncia  la U de mi nombre  con una gravedad hasta ayer desconocida . Y sus ojos, que a veces me dejan pasar al otro lado del mecanismo, sólo a veces, para descubrirlo niño lidiando con los demonios de un invernadero habitado por las plantas mecánicas que inventó para que le cuenten sus sueños y él los convierta en palabra. La visita es corta. Uno debe ent...