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Mostrando las entradas de junio, 2012

– estertores –

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y ella decía escribo y rompo pero yo digo rompo y escribo y vuelvo a romper para tratar de escribirme en estos días que ando persiguiéndome pero no me alcanzo ni con la revelación recibida anoche después de pedirle a eso que ya no sé si se llama dios vida fortuna o simplemente el universo que me muestre un espejo que no se vaya después de tomarme como   –    beber una botella de vino yo sola en viernes por la noche mientras otros socializan no es como masturbarse de vez en cuando porque los expertos lo recomiendan al ser un hábito sano y deseable para la salud femenina whatever that means y menos si el hombro izquierdo se alza durante el invierno como un grito de cariño y una trata que no se note el instinto de caracola haciendo estiramientos de normalidad calixtécnica para mujeres adultas plenas de lucidez       –     un pedazo de paraíso robado a la convención de la fidelidad que nos precede más allá de las cuestiones profesionales    –    me acorrala una demasía de torbellinos…

Máquina de encuentros

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(PLAY) Mi música es máquina del espacio-tiempo. Al escucharla soy la que soy en las otras vidas que estoy viviendo en el aquí y ahora del universo mœbius. Los sonidos me transportan, habito con mis otras yos mientras dura la melodía. Simultáneamente, las otras yos viajan a la cápsula de encuentros maravillosos que crea la música. Las que soy, las que en la línea del tiempo humano he sido y seré, nos unimos en una esfera de sonido. Y somos, bailamos, nuestras sustancias se confunden y renacemos sin morir. Hasta que el silencio nos lleva de regreso. Yo pongo STOP (a veces replay). Ellas –o tal vez ellos– despiertan de un sueño, salen de un estanque, bajan de un ave o del suspiro que sigue al éxtasis. Sé que es así porque mi pecho revienta pidiéndome que no se termine el milagro, porque el viaje no ocurre en la memoria de las palabras o de la razón. El viaje sucede en mi cuerpo.


Parabienes desde el Sur

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I

Me comí la ensalada y el jugo de manzana por pura disciplina, porque con el estómago vacío no podría escribir esto que crece como neblina dentro del pecho y no me deja respirar. Hoy se casa Álvaro, uno de los hombres a los que más he querido en mi vida, uno de los mejores amigos que alguien pueda tener. El Tom Sawyer de mi Huckleberry Finn.
Hace tres años que no sé nada de él, pero lo quiero igual que la última vez que nos vimos. Porque la amistad no sabe de cronologías; cuando dos amigos se separan, lo que sienten queda suspendido dentro de una esfera en el kayros. Y si vuelven a estar juntos, la esfera se abre y reanudan la vida con la emoción de la última vez. ¿Qué emoción sería la suya que no quiso volver a saber de mí? Acaso no había una, sino dos esferas, y en ellas cada quien guardó distintas sustancias amorosas.
Lo llamé, le escribí varios correos, pero nunca respondió. Insistí una, dos, tres veces. Nada. Lo intenté por otras vías, pero todas sus puertas se cerraron para mí. No…