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Mostrando las entradas de diciembre, 2011

Que sea de viento

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No pienso morir pronto. Pero cuando ocurra, no quiero que me entierren en un cementerio ni que encierren mis cenizas en una urna –las lágrimas que más me han lastimado, porque son de sangre y dejan llagas abiertas en la pleura, son las de mi madre, frente a las tumbas de mi abuela y mi pequeña hermana. 


Así que nada de piedras que hagan llorar. Nada de epitafios. Mejor un poema, porque nunca se queda quieto, porque es un vestido prestado, una barca, un vaivén.  Eso quiero: cenizas al mar y un poema. Y si es de Marosa, que sea éste:

Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto,  que fueron la desesperación de todos los que vivimos juntos  en aquel tiempo. Y en la cara tenía varias dentaduras, y lentes celestes como el fuego. Al pasar, por la tarde, parecía el ángel de la devoración con pie punzó. Mas, en realidad, amó la luz solar. Comía guindas, llevándose una a cada boca. Y sentía temor y amor hacia el Maestro Tigre que llegaba  en la noche a buscar doncellas. Y nunca la eligió.


Marosa Di …

90 segundos sin parar

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Salí de la universidad a las 8:40 pm, horario de verano, 24 centígrados, aire tibio, a punto de anochecer. Venía en la ciclopista pedaleando tranquilita, el casco bien puesto, contenta porque acababa de tomar una de las clases más importantes para mi investigación. 


Esperé en la esquina a que cambiara del rojo al verde. Luego avancé, sin prisa. Una moto apareció de la nada para dar vuelta. No me vio, medio alcanzó a frenar, subí las piernas, golpeó mi bici y salí volando como a dos metros. Caí de rodillas, logré meter las manos. Durante algunos segundos lo único que pedía era que la moto no me pasara por encima. Afortunadamente, caímos para lados opuestos. Me asusté mucho, pero no pasó de los golpes y raspones correspondientes. Estaba entera, mis lentes cayeron lejos, pero no sufrieron ni un daño. La bici quedó maltrecha. Tuve la suerte de que una camioneta de auxilio vial estuviera en el mismo crucero. Se estacionaron y me ayudaron a levantarme. Lloré como 90 segundos sin parar, querí…