LA NOCHE



Si me preguntaran por la noche diría: es una amante que tuve que abandonar.
Telefunken, el melómano cuántico.


No sé cómo se teje la adoración que los de nuestra estirpe tenemos a la noche.
No sabría responder con la certeza del melómano cuántico.
Certeza...
Falta de certeza diría yo si tuviera que construirme una crisálida para habitar estas horas prestadas, anillos de silencio donde la ciudad se aletarga, mas no duerme.
Antes de cumplir las cincuenta canas quisiera fundar un grupo DA -dormitabundos anónimos- para confesar la razón de nuestros vicios nocturnos y los remedios antiguos para las recaídas. No hay hipnosis que cure este desorden que no es de sueño sino de vigilia, porque eso de andar falto de certeza... Uno se expone a que todo lo desordene, hasta la belleza. Entonces la terapia no es para poder dormir sino para dejar de soñar mientras uno aguarda la luz verde, o la roja o la que sea que no se parezca al caleidoscopio amargo del mundo visto a través del prisma de la objetividad. Terrible este oscuro habitáculo donde reptamos los espíritus del desasosiego. Nos exprime la médula y con ella se hace un vestido al alba, un traje de soles que siempre nos queda ajustado, porque no hay madrugada que alcance para responder esas preguntas incómodas que uno sólo se atreve a lanzar en la trastienda del pudor, sin testigos ni retórica. Esta adoración, hermanos de celda, no tiene nombre monofonético para pronunciarse en público. Tendría que yuxtaponerlo como los germanos y decir: no puedo dormir porque me da "telóncaídamiedo", o unirlo con guiones a la inglesa: "miedo-a-que-caigan-todos-los-telones-mañana-al-despertar". Y si cayeran, la visión sería idéntica a la noche, esa dulce amante que los migrantes al país del Día pudieron dejar no sin padecer la nostalgia de sus silencios ambiguos.
La noche no llega, uno va hacia ella como los pescadores de cangrejos, sin garantías de volver enteros, pero iluminados con la pureza del que ha cruzado por la tierra de los espíritus donde no se pone el sol.

Comentarios

Iván Barr dijo…
Creo que los humanos somos una suerte de experimento de "algún ente supremo" que desea probarnos ante la magia de la noche: y es que nos provoca algo antiguo, nos desata, nos engulle con sus sueños, nos trastoca, nos empuja a caminar, nos agita...

Cuando fundes ese grupo "DA", con gusto yo seré uno de los primeros afiliados.

Seguiremos en contacto!
Te agregaré a mis blogs recurrentes.

Muchas gracias por leerme, y buenas suerte.
Álvaro dijo…
Luza:

¿Conoce usted el Himno a la noche de Novalis?

Léalo por favor, es algo esplendoroso.

Un cordial saludo desde la patria del ensueño.