NUBE


Trabajando, mucho, muy duro. Mi hambre es el único reloj. Allá afuera sigue lloviendo y yo apenas me doy cuenta. Se inunda, se seca, se nubla. Eso también pasa aquí adentro, en una sospechosa tranqulidad de tormenta que se aproxima. Llorar, quisiera hacerme agua de nube, volver a la tierra y sus costumbres gregarias, regarme sobre los jardines, abrazar los abrigos, decorar los paraguas con perlitas, dejarme tragar por un río enfurecido rumbo al océano... Descubrí un sonido nuevo: escuché cómo el aire se cortaba con el paso de las gotas (fffffp!), esos pequeños cuchillos redondos cayendo a toda velocidad, y luego se convertían en ruido al golpear el suelo. Y quise llorar por la belleza de un descubrimiento así. Bueno, en estos días tengo muchas razones para hacerlo pero no encuentro los brazos que me contengan, y mejor que sea por la belleza y no por la muerte o porque me siento sola o porque la abuela no se alivia y cada día está más delgada, como escurriéndose hacia otro lugar. Mejor así, escuchando Sigur Ros, con una taza de té, un cigarro... tras otro, y que siga lloviendo.

Comentarios

Tu escrito me vino a sintetizar lo que han sido estas tardes (no sé por qué, pero usualmente ubico a la lluvia con la tarde).

¡Y toda esa tristeza a cuestas! / y toda esa belleza efímera del caer del agua...

Desde acá te mando un abrazo (para los fines que tú convengas). Salud.
Roberto dijo…
A mi la lluvia me permitió descubrir el aroma que deja en los Viveros de Coyoacán, a las 6 de la mañana, cuando todo sigue obscuro.
Y en esos trotes también me acompaña Sigur Ros.

Ambos me ayudan a no sentirme en la ciudad..... y que siga lloviendo.
Ceteris Paribus dijo…
Convertida en nube o toda lluviosa yo siempre tengo un huequito especial para ti donde sólo caen gotitas de amor.
ursula dijo…
Qué bello luza... a veces me parece casi incomprensible que tantas cosas tan distintas entre sí propicien el llanto... como el dolor o la belleza; que a lados extremos del espectro se encuentre algo similar.

A veces el sonido de la lluvia sirve de abrazo, o un baño de sol... te mando, también, abrazos, para cuando te hagan falta.
Rino Bod dijo…
En realidad, preferiría no mojarme, pero cuando me sorpende la lluvia, lo disfruto. Y sí, dan ganas de llorar con la lluvia, de uno hacerse lluvia.
¿Cómo está la abuela? ¿Me cuentas?
¡No se me llueva mi lucecita, es muy feo rebotar sobre los paraguas de la gente!
Un abrazo a la nube.