Que sea de viento


No pienso morir pronto. Pero cuando ocurra, no quiero que me entierren en un cementerio ni que encierren mis cenizas en una urna –las lágrimas que más me han lastimado, porque son de sangre y dejan llagas abiertas en la pleura, son las de mi madre, frente a las tumbas de mi abuela y mi pequeña hermana. 


Así que nada de piedras que hagan llorar. Nada de epitafios. Mejor un poema, porque nunca se queda quieto, porque es un vestido prestado, una barca, un vaivén.  Eso quiero: cenizas al mar y un poema. Y si es de Marosa, que sea éste:

Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto, 
que fueron la desesperación de todos los que vivimos juntos 
en aquel tiempo.
Y en la cara tenía varias dentaduras, y lentes celestes como
el fuego.
Al pasar, por la tarde, parecía el ángel de la devoración con
pie punzó.
Mas, en realidad, amó la luz solar. Comía guindas, llevándose
una a cada boca.
Y sentía temor y amor hacia el Maestro Tigre que llegaba 
en la noche a buscar doncellas.
Y nunca la eligió.


Marosa Di Giorgio, La liebre de marzo.


Comentarios

textonauta dijo…
O como dice Caifanes: quiero que me entierren con dulces y no con piedras...
Buen año, mi Luz.
Eso, Roger, dulces, flores, viento :)
Sé que este año también será bueno para ti, me lo dijeron las piedras –que casi nunca se equivocan, por eso no hay que juntarse con ellas, ni siquiera en la muerte.