jueves, abril 25, 2013

Esa palabra

Maj R.V. Spencer
Afuera del cerco, hace seis meses
Los manifestantes marchan. Se ve que son pacíficos, la intención se lee en sus cuerpos, en la inflexión de la voz. No llevan armas, traen libros, traen cámaras, traen carteles. Hablan con los policías y rayan algunos muros. Lo de siempre, lo que se espera, expresar su desacuerdo y seguir la vida, ¿qué más? No han agredido a nadie pero de pronto los empiezan a detener de manera arbitraria. Algunos siguen desaparecidos hace cuatro días. Otros no van a salir del hospital. Otros fueron procesados sin juicio de por medio.

Dentro del cerco, en tránsito hacia el exterior
Grupos de choque, violentistas caminan libremente, van armados con cadenas, con picos. En sus cuerpos se lee la furia, en sus miradas, el resentimiento. Los granaderos los dejan circular dentro del cerco del palacio legislativo. Minutos más tarde ocurre lo que ya sabemos: salen, provocan, agreden, golpean. Y los granaderos hacen como que se los llevan pero al final los dejan ir, porque saben cómo es la cosa. Alguien usa la palabra anarquía. Ponen pintas y gritan anarquía. Pero los gobierna el resentimiento y se venden por 300 pesos. Ni siquiera saben lo que significa esa palabra.

Más afuera, más bien lejos en el sur 
Miro, leo, escucho a la distancia, pero con la cercanía de la virtualidad selectiva. ¿Qué es esto, qué está pasando? Insisto en mirar y cuando cierro los ojos, veo un enorme tanque parado en el centro de la escena. Todos hablan de lo que ocurre a su alrededor pero nadie lo nombra. Como si no existiera, como si fuese un fantasma. Pero no es un fantasma porque está ahí, es el emblema de la violencia. Nadie lo señala porque si lo hicieran, tendrían que hacer algo con ella. Cuando las personas callan los muros hablan. Y no sé ustedes pero yo vi la palabra "dictadura" escrita en el las paredes del banco. Dictadura. Esa palabra. Tenemos miedo de pronunciarla porque entonces habría que aceptar lo que ha ocurrido. Y peor: lo que está por ocurrir.

Hace 60 mil muertos 
Cuando todavía eran 20 mil se me ocurrió decir "esto es una guerra".  Todos a mi alrededor lo negaron, dijeron que eso era una batalla para combatir al narco, pero no una guerra. Después de los pueblos abandonados y los huérfanos de guerra, ahora que los niños son sicarios y las universidades norteamericanas acogen ex presidentes en rehabilitación, recién la gente empieza a aceptar que sí había guerra y que no era contra los narcos, sino a favor de ellos y en contra nuestra. Era una preparación para lo que venía, para lo que ya llegó. 

Hoy
Es igual que un virus. Ninguna dictadura se da si el pueblo no está suficientemente vulnerado. Yo vi esa palabra en el muro. Hace unos meses dije "dictadura" pero ahora, después de la "cruzada contra el hambre", la venta del litoral y el maíz, creo que tengo que cambiar de palabra. No era "dictadura", era "esclavitud".

No hay comentarios.: