OBEDIENCIA

He estado leyendo El principito: cuando el misterio es tan impresionante, es mejor no desobedecer. A mí me gusta obedecer ese tipo de designios. Esta madrugada llevé a cabo la conmemoración que me pedía la vida, en silencio y a solas: te lancé nuestro cuento al mar de las redes para que la casualidad te lo llevara. (¿Te fijas? A las tres de la mañana todo está alrevés; en ese mar los peces atrapan a los pescadores con burbujas, por ejemplo). El azar tiene más experiencia que yo para destejer los nudos y abrir túneles, y yo confío, obedezco. La botella que contenía nuestra historia estuvo flotando exactamente 12 horas en la red. ¿Que dónde está ahora? Qué se yo, algún navegante sediento de relato la habrá recogido. El azar, con todo y que está bizco, es muy listo y te traerá hasta mí de alguna manera misteriosa. Me gusta saber que eso no está en mis manos sino en los nudos y las piernas que alguna vez tejimos.

Comentarios

Roberto dijo…
El azar es bizco y muy listo pero también caprichoso. Solo envía a Matías a hacer misteriosas entregas cuando se le antoja, o cuando mas necesitamos del consuelo de las coincidencias...

Obedezcámosle pues
Anónimo dijo…
De alguna manera aquella botella la cual he visto pero no abierto, me ha llegado y me ha dicho que has sido tú quien la ha lanzado. Lanzar botellas es un acto tan humano y, por lo mismo, tan desesperado, como la búsqueda de la iluminación en la fe; la botella ha demostrado con el tiempo ser más eficaz porque muchas veces, como por ejemplo ahora, ha llegado a su destinatario. Pero si las botellas no llegan a tiempo entonces su eficacia queda anulada. Es probablemente la pequeña venganza Dios ante un método que supera el camino trazado en su nombre: la providencia.
Anónimo dijo…
Luz, luz mía, mi luz continental, mi luz inefable, de todos modos, también los humanos se revelan a la venganza divina. A ellos corresponde decidir si, ya que estamos vivos, hay tiempo aún para abrir la botella, leer, y, paradójicamente, tal vez para deshacer una próxima venganza, agradecer a la providencia, la tremación de todas nuestras células y de todos los núcleos de nuestras células y de cada molécula de cada núcleo, que nos permita leer con el corazón el corazón de una luz que no es suya.
Anónimo dijo…
Si la venganza de Dios supera a una botella hecha de esperanza humana, entonces Dios existe y no es exactamente como lo imaginamos.