La abuela Olga

Olga Orozco y Alejandra Pizarnik Estoy empezando a estudiar la obra de Olga Orozco. No la conocía. Curioso –lo digo con ironía– que ninguno de mis maestros la hubiera nombrado antes. Ahora que fui a Buenos Aires me la encontré de frente en una librería, me miraba desde la portada de Poesía completa , publicada por Adriana Hidalgo editora. La leí un buen rato y nos amigamos de a poco, porque las dos somos desconfiadas al principio. Pasada la mutua prueba, nos reímos y me la traje para que habitara con las demás abuelas de mi voz. Olga es quizás la más misteriosa de todas, la más filosófica y hermética –de Hermes. Es de esas abuelas que todo el tiempo te habla en profecías y te deja pensando semanas en el revés de todo lo que existe. Ignoro a qué olía, pero imagino que había algo de nuez y lavanda en su piel. Eso me revela su voz que, dicen, era áspera, profunda. Algo se me tuerce por dentro cuando los críticos y reseñistas haraganes insisten en llamarla ...