La encrucijada del aire

Atl tlachinolli, el agua y lo quemado. Hay un silencio, una quietud muy extraña de esas que anuncian la diáspora. El silencio de estos días. U na calma inútil de pueblo perdido en el corazón de la Sierra, u n hilo tenso que me traspasa reteniéndome a veinte centímetros del suelo. Sólo los pájaros pueden atravesar ese silencio sin reventarse. Pregunto quién puede vivir ahí. Entonces lo veo a él, flotando en la encrucijada del aire, desafiando a las nubes sin saberlo. Veo e se gesto suyo mirándose hacia adentro, donde vuelan el queltehue y la quimera, el salto impredecible del pensamiento. Escucho su voz que pronuncia la U de mi nombre con una gravedad hasta ayer desconocida . Y sus ojos, que a veces me dejan pasar al otro lado del mecanismo, sólo a veces, para descubrirlo niño lidiando con los demonios de un invernadero habitado por las plantas mecánicas que inventó para que le cuenten sus sueños y él los convierta en palabra. La visita es corta. Uno debe ent...