FILAS 1
Hacer fila a las 7 de la mañana, durante más de 15 minutos y sin desayunar, es un reto de tolerancia para ciertos neuróticos como yo. No son los pies hinchados y la espalda entumida. No, lo que irrita son los individuos con los que uno tiene que compartir la estrechez de la espera. Pero también es una espera que sorprende porque florecen apariciones esporádicas de solidaridad. El acto democrático de hacer fila nos demuestra que el mundo también es un lugar estrecho: el pasillo de la oficina de Luz y Fuerza, el fragmento de banqueta que los furiosos peatones nos conceden, la jardinera donde intentamos colocar aunque sea el borde de las nalgas, la línea de sombra que nos protege de la insolación y, sobre todo, la amabilidad de la gente. Es verdad, uno se pone muy paranoico, muy sensible ante las absurdas amenazas, porque alguien puede ganarnos el lugar, alguien puede decir nuestro nombre sin que lo escuchemos, y en menos de lo que cambia el "marcador de turnos" nos encontrarnos...